No todo el mar es orégano
> RAE y el cambio lingüístico (Rudi Keller) <

Sea un edificio público. Tiene una entrada principal y, de adorno, un buen césped. Para llegar a la entrada hay que rodear el parterre por la derecha o por la izquierda. Pero un día hay alguien con prisa; en vez de hacer el rodeo, cruza atrevidamente por la hierba (puede suceder que alguien le llame la atención). Como siempre hay bastante gente con prisa, no será sólo un perverso el que cruce por donde no debe. Como se trata de llegar a la entrada, casi todos irán en línea recta desde el otro lado del parterre, "la distancia más corta entre dos puntos". Así que poco a poco se irá marcando un cierto pasillo de hierba en peores condiciones, hasta que resulte claramente visible. Y llega usted un día con especial prisa o especial cansancio o especial pereza. Ve que otras personas han cruzado por el césped, de modo que... por una vez... Eso mismo les pasa a otros muchos que normalmente serían cumplidores de las normas, de manera que el nuevo camino irá haciéndose cada vez más marcado. Y otros que normalmente no atajarían por la hierba deciden que "ya que va todo el mundo...". Al final hay un camino sin hierba que va en línea recta hasta la entrada del edificio. ¿Qué hacer? Dos opciones: replantar la hierba y vallar el parterre de modo que nadie pueda seguir usando ese camino; o bien reconocer que no hay más solución que dar carácter oficial al paso por el césped.
Con el lenguaje pasa igual pero con una diferencia: es imposible poner vallas (y digo yo que menos mal). Lo que existe son los hablantes, y ellos son los únicos que tienen derecho a establecer la norma y el estándar, y los únicos con capacidad de hacerlo. Lo demás son majaderías propias del pensamiento aristocrático del siglo XVIII. Lo que sí es "hablar mal-hablar bien" es saber o no saber usar la lengua adecuada a cada situación, a cada contexto, a cada interlocutor, expresarse de una manera en una conferencia o una recepción formal, y de otro modo muy distinto en la conversación entre íntimos.

2003-02-04, 09:23 | 56 comentarios

> El saber se justifica en sí mismo, ¿o no? <

Hace no mucho tiempo escuché cierto comentario que utilizaré para comenzar la primera historia de mi bitácora (gracias por permitir que me uniese a blogalia, pronto se arrepentirán):
"Los filólogos y asín no colaboran para nada al progreso de un país" (todo esto acompañado de mi cara-de-incredulidad-y-ceja-levantada).
Y es que in praesentia creía haber oído de todo: desde el "vaya, con tu media y en filología" (más expresión de "pobrecita desgraciada"...) hasta lo de "y a qué te piensas dedicar después" (quizás con sentido y menos cizaña). Pero la verdad, la alusión al progreso era totalmente nueva para mí, por originalidad que no fuese (no le vamos a quitar mérito, seguro que tuvo que pensar mucho para hacer una afirmación con tanta seguridad y convencimiento).
Así que, puestos a maquinar, intenté forjarme una idea de qué demonios significaría esa palabra a la que tanto valor le adjudicaba el célebre autor del comentario (que, admito apuestas, alcanzará la gloria sólo superado en ingenio por alguien como Einstein). Según él, el progreso consistía en lo que generan los que construyen puentes, edificios, carreteras... Tonta de mí, yo siempre había pensado que la dichosa palabreja significaba algo como "avanzar", y aplicado a un país,"mejorar". También le daba mucha categoría a los físicos. Lo que se pregunta esta ignorante es la aplicabilidad en la vida real de muchos de los asuntos por los que se tiran de los pelos los físicos.
Lo que pretendo no es quitarle valía al cometido de los físicos, nada más lejos de mi intención, si no llegar a alguna conclusión sobre el porqué de esas ganas de despreciar determinadas especialidades para ensalzar a otras. Si se ha llegado a la creencia de que el Hombre se diferencia de los demás animales en su curiosidad por conocer el funcionamiento de su entorno, no entiendo por qué a algunos campos del saber se le otorga más validez que a otros. Quizás la consecuencia de ese desequilibrio ha sido la situación tan poco halagüeña en que se encuentra la investigación en ciencias del lenguaje.
Todo hay que decirlo. Durante mucho tiempo, los estudios "de letras" fueron relegados a aquéllos estudiantes que no entendían (o ni se molestaban en entender) las matemáticas. Del mismo modo, las carreras "de letras", destinadas a los que no obtenían suficiente media (y dale con la media) para estudiar algo "mejor". Así que, en muchas ocasiones, la mayoría de los que estudiaban ese tipo de licenciaturas lo hacían sin suficiente vocación o interés, y de ahí la situación que vivimos hoy en día. Se habla de física cuántica y de mil cosas de esas que yo no debería saber (como soy de letras, debería ser un poco tonta), y sin embargo, el medio que se emplea es el lenguaje, a pesar de que, por cosas de la vida, todavía no se sepa cómo funciona exactamente el área de Broca . Por otra parte, y hablando de aquélla aplicabilidad que decía el individuo que la lingüística no tiene, hasta hace bien poco se internaban supuestos dementes en centros psiquiátricos (conocidos por todos como manicomios), tan sólo sufriendo una complicada patología del lenguaje. Por supuesto, la pérdida de la vida de esos hombres se hubiese evitado con un buen especialista en psicolingüística y/o semántica en colaboración de un foniatra para re-educar la conducta lingüística del paciente. Por no hablar de la todavía existente dificultad de comunicación del colectivo sordo, cuya lengua natural es la de signos, y de la cual aún queda mucho que investigar para favorecer el aprendizaje de la lengua por parte de los padres y/o parientes del niño sordo, así como la productividad del sistema lingüístico.
Por que se dice día tras día lo de que "el saber no ocupa lugar", y "el conocimiento se justifica en sí mismo", pero a la hora de la verdad oyes comentarios como esos en personas con supuesto raciocinio, y cosas como que "el latín no sirve para nada" y los dichos y diretes se te derrumban.
Gracias a un tal Dios según algunos, y al azar según otros, las grandes empresas que elaboran programas para computadoras, incorporan por fin a sus plantillas expertos en lingüística computacional y semiótica, facilitando el dichoso "progreso" en la informática. Esto viene a corroborar mi opinión de que, si en vez de lanzar flechazos de unos campos de estudio a otros a lo comanche, hubiese un poco más de colaboración entre los diversos grupos de investigadores, posiblemente la curiosidad del Hombre que tanto nos caracteriza abarcaría con mayor facilidad todas sus metas. Pero, qué ingenuidad la mía: ¿colaboración?, ¿en el Planeta Tierra?, qué cosas digo, hay que ver.

































2003-02-02, 01:14 | 8 comentarios


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